Animales Mitológicos

AIX

Aix: Aix era, según la mitología griega, una mítica cabra. Era el animal que dio leche para amamantar a Zeus mientras éste se encontraba escondido en Creta. En el cuerpo celeste, es representada con la constelación Capricornio.

Esta cabra proporcionó a Amaltea la leche suficiente para alimentar al futuro padre de los dioses después de que su madre, Rea (o Cibeles según la Antigua Roma) lo escondiese y lo pusiese en manos de la nodriza Amaltea. En algunas de las versiones mitológicas, era confundida con la mismísima Amaltea, la nodriza de Zeus. 

Esta criatura era un ser monstruoso que aterraba hasta las primeras divinidades, como los Titanes, que hicieron que Gea, la Tierra, escondiese a la terrorífica cabra en una caverna de las montañas cretenses.

Jugando con el animal, el pequeño Zeus rompió uno de sus cuernos que, posteriormente regalaría a su nodriza, prometiéndole que se llenaría milagrosamente de los bienes que ella desease. Este objeto es conocido como el Cuerno de la Abundancia o Cuerno de Amaltea, que ella cambiaría al Cuerno de Aqueloo y pasaría de mano en mano durante largo tiempo. Por tanto, fue símbolo de riquezas inacabables, convirtiéndose así en atributo de diversas divinidades.

Cuando murió Aix, Zeus se hizo una armadura llamada Égida con su piel para poder luchar así en la Titanomaquia o Guerra de los Titanes.

Anfisbena

Anfisbena: Citada en los bestiarios medievales e incluso en la Historia Natural de Plinio, este ser es descrito como una serpiente bicefálica sin cola.

Su nombre se origina en su capacidad ambigua para desplazarse en direcciones contrarias justamente por poseer dos cabezas.

Se la describía también como poseedora de ojos de enorme brillo. Era poseedora de un veneno tan mortal que justamente por eso era necesario que tuviera dos bocas para poder verterlo.

Anfisbena "que va en dos direcciones", de amfis, ‘ambos lados’ y bainein, ‘ir’, también llamada Madre de las Hormigas, es una criatura mitológica representada como una serpiente comedora de hormigas, con una cabeza en cada extremo de su cuerpo. En la mitología griega anfisbena había nacido de la sangre que goteó de la cabeza de la gorgona Medusa cuando Perseo voló sobre el desierto libio con ella en su mano. El ejército de Catón la halló entonces en su marcha junto con otras serpientes. La anfisbena se alimentaba de los cadáveres que quedaban atrás.

También (Amphisbaena, Amfivena, Anphivena o Fenmine) 

Anguipedo

Anguipedo: El Anguípedo era una divinidad muy frecuente presente en los amuletos mágicos de la época grecorromana. Era representado como una criatura con cabeza de gallo y piernas de serpiente, simbolismo considerado de procedencia persa. A veces era añadido al pie de la inscripción Iao, una forma del Tetragramatón, las cuatro letras usadas para representar el nombre del Dios judío. 

Arimaspos

Arimaspos: Del escita "arima"(uno) y "spu" (ojo), o bien, del iranio "aspa" (caballo) y "arima" (salvaje) o "aryama" (el que ama) y "aspa" (caballo): según la mitología griega, los arimaspos constituían un pueblo fantástico que habitaba más allá de la tierra de los isedones, en el remoto noreste. Tenían un solo ojo y mantenían un continuo enfrenamiento con los grifos, guardianes de oro.

Arión

Arión: Arión era un fabuloso caballo alado de pezuñas negras que poseía el don de la palabra y la inmortalidad. Su nombre significaba, según el griego antiguo, "mejor", "más fuerte" o incluso "más valeroso".

El dios de los mares, Poseidón, que además del mar lo era de los equinos, intentó una vez seducir a su hermana Deméter (Ceres en la Antigua Roma). La diosa, que entonces sólo tenía su cabeza en encontrar a su desaparecida hija Perséfone (Proserpina en Roma), raptada por Hades (Plutón), se transformó en una yegua para evitar las solicitudes del dios. Pero éste la desubrió y, transformándose a su vez en un caballo, la violó. Deméter quedó así embarazada y dio a luz más tarde a Arión, un maravilloso caballo, y a una hija llamada Despoina, pero cuyo nombre era totalmente desconocido a los no iniciados en sus misterios. Este curioso y prácticamente desconocido episodio sucedió en la región de Telpusia, en la Arcadia griega, cuyo rey, Oncio, se apropió del caballo. 

Aspidochelone

Aspidochelone: La Aspidochelone, también conocida como la Tortuga Escudo, es un animal legendario procedente de la mitología griega" y predecesora de otros muchos mitos de gigantescas bestias marinas, dando lugar también a numerosas leyendas sobre islas que desaparecen y aparecen a voluntad.

A la Aspidochelone se la describe como una gigantesca tortuga marina, de un tamaño tan colosal que su caparazón puede ser confundido con una isla cuando este ser se encuentra durmiendo y permanece completamente quieto. Algunos relatos van mas allá y se cuenta como su caparazón está recubierto de especies vegetales, pudiendo ser confundida fácilmente con una isla exótica, aunque otras versiones la describen como un gigantesco pez al que llaman Fastitocalon.

Pese a que no se trata de una criatura agresiva la mitología la presenta como peligrosa, pero simplemente debido a su colosal envergadura y su apariencia de tierra firme, hablándose en numerosas leyendas de incautos marineros que tras desembarcar sobre su lomo creen hallarse en alguna isla desierta. La tragedia llega cuando la Aspidochelone se sumerge bajo las aguas, llevando a sus inquilinos a una muerte segura en las profundidades.

Basilisco

Basilisco: El basilisco («pequeño rey») era un ser mitológico creado por la mitología griega que se describía como una pequeña serpiente cargada de veneno letal y que podía matar con la simple mirada, que consideraban el rey de las serpientes. Posteriormente se lo ha representado de diversas maneras siempre con características reptilianas.

En el siglo VIII, el basilisco era considerado una serpiente dotada de una cresta con forma de corona o mitra en su cabeza, siendo el animal en sí de tamaño variado. Supuestamente, el basilisco nacía de un huevo de gallina empollado por un sapo, lo opuesto al cocatriz, que según se decía nacía de un huevo de sapo o serpiente empollado por una gallina. Más tarde, sin embargo, los rasgos de ambas criaturas comenzaron a ser indistinguibles.

Según Plinio el Viejo en su Naturalis Historia, el basilisco era oriundo de Cirene, y no medía más de 20 dedos de longitud. Poseía una marca blanca en la cabeza que se asemeja a una diadema. Además del poder de matar con la mirada, su influencia era tan nociva que su aliento marchitaba la flora del entorno y resquebrajaba las piedras. Los únicos métodos seguros de matarlo era con el canto del gallo, el cual aterrorizaba al basilisco, o con una comadreja, la cual era el único animal capaz de vencerle con su olor, si bien al coste de morir también ella misma.

Campe

Campe: En la mitología griega, Campe era una divinidad ctónica, un monstruo femenino.

Crono le encargó vigilar el Tártaro, donde había encarcelado a los Cíclopes y los Hecatónquiros. Murió a manos de Zeus cuando éste liberó a los prisioneros del Tártaro para que le ayudasen a luchar contra Crono.

Se describe a Campe como un monstruo híbrido con cuerpo de mujer mas con su mitad inferior de dragón,sus piernas envueltas en serpientes y su cabello hecho de serpientes.En la cintura de Campe se forman cabezas de animales peligrosos como león,oso,etcétera. Se supone que Campe carga dos espadas llenas de veneno.

En sus Dionisíacas, Nono de Panópolis da la descripción más detallada de Campe. Joseph Fontenrose sugiere que Nono la consideraba una refiguración del monstruo babilónico Tiamat; y también Equidna con otro nombre, siendo sus escamosas piernas como víboras; o el equivalente femenino de Tifón. En su Diccionario o Lexicón, Hesiquio de Alejandría hace notar que el poeta Epicarmo califica a Campe de «ceto» o monstruo marino (el nombre «Ceto» designa a un monstruo particular: el hijo de Gea y Ponto; pero designa también a los monstruos marinos en general).

Carcinos

Carcinos: Carcinos (habitualmente denominado por su nombre en latín, Cáncer, o, simplemente como el Cangrejo) es un cangrejo gigante de la mitología griega que habitaba en la laguna de Lerna. Es un personaje secundario en el mito de los doce trabajos de Heracles, a quien, por orden de Hera, ataca mientras lucha contra la Hidra de Lerna; como recompensa por esta acción, Hera le convierte en la constelación de Cáncer.

Dado que no es un elemento principal del mito, no siempre aparece en las versiones que han llegado hasta la actualidad; no obstante, clásicos mitógrafos, astrónomos, historiadores o filósofos como Platón, Pseudo-Eratóstenes, Pseudo-Apolodoro e Higino mencionan en sus textos al personaje.

Catoblepas

Catoblepas: Tiene cuerpo de vaca y cabeza de cerdo. Su espalda está cubierta de escamas que le protegen y su cabeza mira siempre hacia abajo. Su mirada o su respiración podían convertir a la gente en piedra o matarlas.

Plinio lo describió como una criatura de tamaño medio, lenta, con una cabeza pesada vuelta siempre hacia el suelo. Pensó que su mirada, como la del basilisco, era letal, lo que hacía bastante afortunado que su cabeza fuera tan pesada.4

Claudio Eliano describió al Catoblepas como un herbívoro del tamaño aproximado de un toro. Según su descripción contaba con una gran melena, era estrecho, sus ojos estaban inyectados en sangre, tenía escamas en la espalda y las cejas lanudas. La cabeza era tan pesada que la bestia tan sólo podía mirar hacia abajo. En su descripción, la mirada no era letal, pero su aliento era venenoso ya que se alimentaba de hierbas venenosas.

Centauro

Centauro: En la mitología griega, el centauro, ‘matador de toros’, ‘cien fuertes’; en latín Centaurus/Centauri) es una criatura con la cabeza, los brazos y el torso de un humano y el cuerpo y las patas de un caballo. Las versiones femeninas reciben el nombre de centáurides.

Vivían en las montañas de Tesalia y se les consideraba hijos de Kentauros (el hijo de Ixión y Néfele) y algunas yeguas magnesias, o de Apolo y Hebe.

Los centauros son muy conocidos por la lucha que mantuvieron con los lápitas, provocada por su intento de raptar a Hipodamía el día de su boda con Pirítoo, rey de los lapitas y también hijo de Ixión. La riña entre estos primos es una metáfora del conflicto entre los bajos instintos y el comportamiento civilizado en la humanidad. Teseo, un héroe y fundador de ciudades que estaba presente, inclinó la balanza del lado del orden correcto de las cosas, y ayudó a Pirítoo. Los centauros huyeron. (Plutarco, Teseo, 30; Ovidio, Las metamorfosis xii. 210; Diodoro Sículo iv. 69, 70.) Escenas de la batalla entre los lápitas y los centauros fueron esculpidas en bajorrelieves en el friso del Partenón, que estaba dedicado a la sabia Atenea.

Cerbero

Cerbero: En la mitología griega, Cerbero, ‘demonio del pozo’), también conocido como Can Cerbero, era el perro de Hades, un monstruo de tres cabezas en la tradición más común pero de cincuenta cabezas según Hesíodo, con una serpiente en lugar de cola.

Cerbero guardaba la puerta del Hades (el inframundo griego) y aseguraba que los muertos no salieran y que los vivos no pudieran entrar. Era hijo de Equidna y Tifón, y hermano de Ortro. La existencia de un perro infernal en la entrada de los infiernos parece que ya estaba presente en la mitología indoeuropea original, pues aparece en los mitos de otros pueblos indoeuropeos, como es el caso del perro ensangrentado Garm en la mitología escandinava.

Cerda de Cromión

Cerda de Cromión: En la mitología griega, la Cerda de Cromión (también llamada Fea debido a la mujer a la que pertenecía) fue una cerda monstruosa hija de Tifón y Equidna, que fue el terror de la zona de Cromión, entre Megara y Corinto, antes de ser derrotada por Teseo.

Según la Biblioteca mitológica, la criatura era hija de Equidna y Tifón, y fue llamada Fea debido a la anciana a la que pertenecía. Según cuenta Estrabón, la cerda era la madre del Jabalí de Calidón; según cuenta Higino, la cerda que mató Teseo era una jabalina.

Ceto

Ceto: En la mitología griega, Ceto ‘pez grande’ y en particular ‘ballena’, de ahí «cetáceo») era un espantoso monstruo acuático, hijo de Gea y Ponto.

Era la personificación de los peligros del mar, los terrores desconocidos y las criaturas extrañas. La palabra «ceto» terminó siendo una palabra para referirse a cualquier monstruo marino, y sigue usándose así.

Su consorte fue Forcis y con él tuvo muchos hijos, conocidos colectivamente como Fórcides.

En el arte griego era representada como un pez con forma de serpiente. Ceto también dio nombre a la constelación Cetus.

Hesíodo nombra como hijos de Forcis y Ceto a Equidna, las Gorgonas (Euríale, Esteno, y la afamada Medusa), las Grayas (Dino, Enio y Pefredo), y Ladón, también llamado el dragón de las Hespérides. Los cuales son corroborados a través de las diversas fuentes, aunque Ladón es a veces citado como un hijo de Tifón y Equidna.

Cíclope

Cíclope: En la mitología griega, los Cíclopes: ‘rueda’, ‘círculo’ y ‘ojo’) eran los miembros de una raza de gigantes con un solo ojo en mitad de la frente. Había dos generaciones de Cíclopes.

Los Cíclopes de la primera generación eran hijos de Urano y Gea y conocidos artesanos y constructores. Eran gigantes con un solo ojo en mitad de la frente y un temperamento horrible. Según Hesíodo eran fuertes, testarudos, y de «bruscas emociones». Con el tiempo, sus nombres llegaron a ser sinónimo de fuerza y poder, y se usaban para referirse a armas especialmente bien manufacturadas.

Fueron tres: Brontes, Estéropes y Arges (aunque algunas fuentes cambian a Arges por Acmónides o Piracmón). Había también otros cuatro llamados Euríalo, Elatreo, Traquio y Halimedes, que presumiblemente eran hijos de los tres primeros.

Cierva de Cerinea

Cierva de Cerinea: Tercer trabajo de Heracles que debía atrapar a la cierva sagrada de Artemisa y llevarla viva hasta Micenas. El animal tenía pezuñas de bronce y cuernos de oro, y había conseguido escapar de Artemisa, tras lo cual había ido a parar a la colina Cerinea, al norte del Peloponeso. Heracles siguió a la rápida cierva durante un año, desde Arcadia hasta la península de Istria en el punto más septentrional del mar Adriático. Finalmente, Heracles atrapó a la criatura sin hacerle ningún daño y la llevó hasta Micenas sobre sus hombros. La diosa Artemisa se enfadó al principio, pero entendió sus motivos y le perdonó cuando le dijo que cumplía las órdenes que le había dado Euristeo.

Dragón de la Colquida

Dragón de la Colquida: En la mitología griega, el dragón de la Cólquida, llamado así por el lugar donde habitaba y también llamado dragón insomne, y a veces mencionado como serpiente, era hijo de Equidna y Tifón. Tenía un larguísimo cuello e incontables anillos como una serpiente, y silbaba horriblemente a tal punto que lo escuchaban a la distancia. Tenía la capacidad de no dormir nunca y era el encargado de custodiar el vellocino de oro. Cuando los argonautas fueron en busca de éste, Medea, con su magia, hizo dormir al dragón insomne, ocasión que aprovechó Jasón para robar el vellocino. Según otras versiones, Jasón mató al dragón.

 

Equidna

Equidna: En la mitología griega, Equidna (en griego antiguo, Ekhidna: «víbora»; en latín, Echidna) era una monstruosa ninfa, considerada en unas fuentes literarias descendiente de Forcis y Ceto, en otras de Tártaro y Gea y también se le ha asignado como madre de Calírroe y Medusa.1

Llamado a veces Drakaina Delphyne ‘vientre de dragona’, es descrita por Hesíodo en su Teogonía como un monstruo femenino, madre con Tifón de todos los monstruos importantes de los mitos griegos. Tenía el torso de una bella mujer de temibles ojos oscuros pero cuerpo de serpiente.

Cuando atacaron el monte Olimpo ella y su compañero Tifón, Zeus los derrotó, pero les permitió seguir viviendo, así como a sus hijos, como desafío para los héroes futuros. Equidna moró desde entonces en una cueva del país de los Arimoi, un remoto lugar desértico situado en Asia Central, probablemente Siria.3 En una ocasión, Equidna asaltó a Héracles durante uno de sus viajes para robarles los bueyes de Gerión, y cuando éste fue a reclamarlos Equidna le dijo que no se los entregaría a menos que él tuviese sexo con ella. Héracles lo hizo, y de esta unión nacieron Agatirso, Gelono y Escites.

Posteriormente el gigante Argos la mataría mientras ella dormía en una cueva de Sicilia.

Escila y Caribdis

Escila y Caribdis: Escila y Caribdis son dos monstruos marinos de la mitología griega situados en orillas opuestas de un estrecho canal de agua, tan cerca que los marineros intentando evitar a Caribdis pasarían muy cerca de Escila y viceversa.

Representación de Escila del siglo V a. de C.

Posteriormente, la tradición identificó a este lugar con el Estrecho de Mesina, entre Calabria y Sicilia, en el extremo sur de Italia.

La frase «entre Escila y Caribdis» ha llegado a significar el estado donde uno está entre dos peligros y alejarse de uno te haría estar en peligro por el otro, y se cree que es la progenitora de la frase «entre la espada y la pared». Escila vivía en los acantilados y Caribdis era un peligroso remolino. Ninguno de los destinos era más atractivo ya que ambos eran difíciles de superar.

Esfinge

Esfinge: En la mitología griega, la Esfinge,"estrangular" era un demonio de destrucción y mala suerte, que se representaba con rostro de mujer, cuerpo de león y alas de ave.

Hesíodo, quien en su Teogonía es el primero que la menciona, la hace hija de la Quimera y de Ortro, el terrible perro hermano de Cerberos. Opinión que no comparte Laso de Hermíone, quien la estima nacida de Equidna, la bella ninfa con cola de serpiente, y del poderoso Tifón; siendo de la misma opinión Higino y Apolodoro. Otros la señalan como el fruto de los amores entre Tifón y la Quimera.

Según Apolodoro, la Esfinge era un monstruo con rostro y busto de mujer, patas de león, cuerpo de perro, cola de dragón y alas de pájaro. Estacio precisa que tenía el rostro pálido, la boca llena de veneno, ojos como brasas encendidas y las alas siempre manchadas de sangre.

Ethon

Ethon: En la mitología griega, el Águila del Cáucaso, Ethon o el Águila de Prometeo fue un águila gigante nacida de los monstruos Tifón y Equidna.

Como castigo por robar el fuego del Monte Olimpo, Zeus encadenó a Prometeo a una columna de las montañas del Cáucaso, y Ethon le iba comiendo el hígado durante todo el día, pero durante la noche le volvía a crecer, y el ciclo duró 30.000 años.

Fénix

Fénix: El fénix, es un ave mitológica del tamaño de un águila, de plumaje rojo, anaranjado y amarillo incandescente, de pico y garras fuertes. Se trataba de un ave fabulosa que se consumía por acción del fuego cada 500 años, para luego resurgir de sus cenizas. Según algunos mitos, vivía en una región que comprendía la zona del Oriente Medio y la India, llegando hasta Egipto, en el norte de África.

El mito del ave Fénix, alimentó varias doctrinas y concepciones religiosas de supervivencia en el Más allá, pues el Fénix muere para renacer con toda su gloria. Según el mito, poseía varios dones extraños, como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas, fuerza descomunal, control sobre el fuego y gran resistencia física. En el Antiguo Egipto se le denominaba Bennu y fue asociado a las crecidas del Nilo, a la resurrección, y al Sol. El Fénix ha sido un símbolo del cuerpo físico y espiritual, del poder del fuego, de la purificación, y la inmortalidad. Para Heródoto, Plinio el Viejo y Epifanio de Salamina, esta sagrada ave viajaba a Egipto cada quinientos años, y aparecía en la ciudad de Heliópolis, llevando sobre sus hombros el cadáver de su padre, a donde este iba a morir, para depositarlo en la puerta del templo del Sol.

Gerión

Gerión: En la mitología griega, Gerión era un monstruoso gigante, hijo de Crisaor y Calírroe.

Gerión es descrito como un ser antropomorfo formado por tres cuerpos, con sus respectivas cabezas y extremidades, según la mayoría de las versiones. Aunque no se suele especificar la forma exacta de la unión entre los tres cuerpos, se le suele representar con una unión lineal o radial por las cinturas. Aparte de estas características, tenía un aspecto humano.

Gerión vivía en la isla Garida más allá de las columnas de Hércules al oeste Mediterráneo, ya en el curso del Océano. Era dueño de un perro llamado Ortro, y de una espléndida cabaña de ganado que era guardado por Ortro y por un pastor llamado Euritión.

Como décimo de sus doce trabajos, Heracles le robó el rebaño que tenía de vacas rojas y bueyes. Gerión fue en busca de venganza y luchó contra Heracles, pero éste le lanzó una flecha, envenenada con el veneno de la Hidra, que atravesó sus tres cuerpos y acabó con él.

Glauco

Glauco: En mitología griega, Glauco es una divinidad y monstruo del mar, hijo de Poseidón y de la náyade Nais, o de Nereo y de la oceánide Doris. La figura de Glauco aparece en las Argonáuticas, de Apolonio de Rodas, y en el Libro XIII de Las metamorfosis, del poeta latino Ovidio.

(Glauco significa, en griego, color turquesa brillante).

A pesar de los progenitores que se le atribuyen, Glauco era un humilde pescador que al mascar unas plantas mágicas cerca de Antedón, en la isla de Eubea, devino inmortal y se metamorfoseó de forma que su barba y su melena se volvieron de un verde oscuro que simulaba el color de las algas marinas y sus piernas cambiaron a una cola enroscada como la de un enorme pez. No pudiendo permanecer más tiempo en la tierra, se sumergió en el mar, donde fue recibido por las divinidades marinas. Océano y Tetis le purificaron de su naturaleza humana recitando canciones mágicas y bañándolo en distintas corrientes marinas.

Harpías

Harpías: En la mitología griega, las Harpías o Arpías (‘que vuela y saquea’) eran inicialmente seres con apariencia de hermosas mujeres aladas, cuyo cometido principal era hacer cumplir el castigo impuesto por Zeus a Fineo: valiéndose de su capacidad de volar, robaban continuamente la comida de aquél antes de que pudiera tomarla. Esto las llevó a pelear contra los Argonautas.

En tradiciones posteriores fueron transformadas en genios maléficos con cuerpo de ave de rapiña, horrendo rostro de mujer, orejas de oso y afiladas garras, que llevaban consigo tempestades, pestes e infortunio. Esta es la forma que acabó por imponerse y que ha pervivido hasta la actualidad.

Hidra de Lerna

Hidra de Lerna: En la mitología griega, la Hidra de Lerna era un antiguo y despiadado monstruo acuático ctónico con forma de serpiente policéfala (cuyo número de cabezas va desde tres, cinco o nueve hasta cien, e incluso diez mil según la fuente) y aliento venenoso a la que Heracles mató en el segundo de sus doce trabajos. La Hidra poseía la virtud de regenerar dos cabezas por cada una que perdía o le era amputada, y su guarida era el lago de Lerna en el golfo de la Argólida (cerca de Nauplia), si bien los arqueólogos han confirmado que este lugar sagrado es anterior incluso a la ciudad micénica de Argos, pues Lerna fue el lugar del mito de las Danaides. Bajo sus aguas había una entrada al Inframundo que la Hidra guardaba.

La Hidra era hija de Tifón y Equidna y en algunas tradiciones fue madre de Quimera. Fue criada por Hera bajo un plátano cerca de la fuente Amimone en Lerna. Se decía que era hermana del león de Nemea y que por ello buscaba venganza por la muerte de éste a manos de Heracles. Por esto se decía que había sido elegida como trabajo para Heracles, de forma que éste muriese.

Hipalectrión

Hipalectrión: El hipalectrión o hippalektryon era una criatura híbrida fantástica de la mitología griega. La parte anterior de su cuerpo era la de un caballo, y su parte posterior de un gallo, alas, cola y patas incluidas. Tenía un plumaje amarillo o rojo según las traducciones. Los mitos y leyendas asociados se desconocen.

Su función sigue siendo algo misterioso, como un animal apotropaico y profiláctico, podría haber sido consagrado a Poseidón y encargado de proteger a los buques. Otros estudios lo ven como una bestia grotesca para entretener a los niños, o como una simple decoración fantástica sin una función determinada.

Hipocampo

Hipocampo: En la mitología griega, el hipocampo era, según cuenta Pausanias en su Descripción de Grecia, un caballo marino con la parte inferior del cuerpo desde el pecho en forma de monstruo marino o pez. El hipocampo aparece incluso en los poemas homéricos como símbolo de Poseidón, cuyo carro surcaba el mar tirado por veloces caballos. Los poetas y artistas posteriores concibieron y representaron los caballos de Poseidón y de otras divinidades marinas como una combinación de caballo y pez.

Es un monstruo marino con cuerpo de caballo y cola de pez, según la descripción de Pausanias, que aparece tanto en la mitología griega, fenicia y etrusca. En la mitología griega, el hipocampo era el símbolo de Poseidón el dios de los mares cuyo carro era tirado por estas criaturas (y como tal esta representado en numerosas estatuas acompañando al dios del mar). 

Jabalí de Calidón

Jabalí de Calidón: El Jabalí de Calidón es un ejemplo de un género de monstruos ctónicos de la mitología griega, cada uno de ellos situados en una ubicación específica, que deben ser derrotados por héroes de la época olímpica. Fue enviado por Artemisa para devastar la región de Calidón en Etolia y halló su final en la Cacería de Calidón, en la que participaron numerosos héroes de la época. Debido a que el suceso mítico reunió a tantos héroes (entre los que había muchos que fueron venerados como progenitores de sus casas reinantes locales entre los grupos tribales de los helenos en la época clásica) la Cacería de Calidón ofrecía un tema natural en el arte clásico, pues era redolente con la telaraña de mitos que se acumularon en torno a sus protagonistas en otras ocasiones, alrededor de su ascendencia semidivina y su descendencia. Así como la busca del vellocino de oro o la guerra de Troya, que tuvieron lugar durante el tiempo de la generación siguiente, la Cacería de Calidón es uno de los nodos en los que se unen muchos mitos griegos.

Jabalí de Erimanto

Jabalí de Erimanto: El Jabalí de Erimanto fue un trabajo de Heracles que debía llevar un animal vivo a Micenas. Esta vez se trataba de un jabalí salvaje, criatura fiera que sembraba el terror en la zona del monte Enmanto al norte de Arcadia.

De camino a aquel lugar, Heracles tuvo ocasión de alojarse con el centauro Folo, y enfrentarse a los otros centauros, que no querían que se le sirviese vino en la jarra que Dioniso les había regalado. Muchos centauros murieron en la disputa con Heracles, que utilizó sus flechas envenenadas, una de las cuales hirió a Quirón de manera accidental. Dado que este centauro sabio era inmortal, el veneno no acabó con su vida, pero le hizo sufrir un dolor muy agudo que desesperó a Heracles. Después decidió regalarle su inmortalidad a Prometeo.

Heracles atrapó al jabalí tras perseguirlo por la nieve y conseguir atar sus patas. Cuando llegó a Micenas con el terrorífico animal, Euristeo huyó para ocultarse en la vasija de bronce que había ordenado que le construyesen.

Tras completar esta tarea, Heracles se unió a Jasón y los Argonautas para ir a Colchis en busca del Vellocino de Oro.

Heracles jugó un papel muy importante en la expedición, pero regresó a Grecia antes de que el barco alcanzase Colchis.

Janto y Balio

Janto y Balio: En la mitología griega, Janto también llamando Xanto o Xanus) y Balio eran dos caballos inmortales, hijo del dios-viento Céfiro y la harpía Podarge.

Janto y Balio fueron el regalo que entregó Poseidón a Peleo y Tetis en su famosa boda. Posteriormente pasarían al hijo de ambos, el célebre Aquiles, causando gran admiración durante la guerra de Troya por sus habilidades. Otra versión dice que Janto fue un regalo de Atenea, que admiraba las habilidades guerreras de Aquiles.

Homero relata que Aquiles reprochó a ambos corceles que hubieran sido incapaces de evitar la muerte de Patroclo, a lo que Janto, dotado momentáneamente de voz por Hera, respondió que Apolo y el destino habían causado la muerte a Patroclo, otorgándole la gloria por el hecho a Héctor, y que para él mismo el destino había decretado la muerte en manos de un dios y un hombre. A estos caballos Aquiles ató el cuerpo de Héctor para injuriarlo en muerte.

Otra versión afirma que Janto era el único caballo inmortal de Aquiles, siendo Balio la persona que lo crio y entrenó. Balio se haría muy rico y popular al asociarse su nombre al de Janto, y desde entonces fue el encargado de abastecer de caballos al bando griego durante el tiempo que continuó el asedio a Troya.

khalkotauroi

khalkotauroi: Los khalkotauroi (tauroi khalkeoi: toros de bronce) son unas criaturas del mito griego de Jasón y el vellocino de oro.

Los khalkotauroi eran dos toros inmensos con pezuñas y boca de bronce; por la boca, exhalaban fuego.

En las Argonáuticas de Apolonio, el rey Eetes promete a Jasón el vellocino de oro si antes consigue uncir a los khalkotauroi y utilizarlos para arar un campo. Este campo es en el que luego se sembrarán los dientes del dragón.

Jasón sobrevivió a las ardientes llamas de los toros de bronce inhalando una poción mágica que le protegía del calor. La poción le había sido dada por Medea, hija única del rey Eetes que se había enamorado de Jasón.

Los khalkotauroi habían sido un regalo para el rey Eetes del dios griego de la forja: Hefesto.

Laelaps y la Zorra de Teumesia

Laelaps y la zorra de Teumesia:

La zorra Teumesia y el perro Laelaps

En la mitología griega, la zorra teumesia es un criatura fantástica relacionada con el ciclo tebano (aparece en un fragmento de los Epígonos).

Los autores antiguos no informan sobre sus orígenes, lo que hace dudosas las indicaciones de parentesco dadas ocasionalmente (con Tifón o Gea, como muchos otros monstruos).

Destinada a no poder ser cazada jamás, fue enviada por los dioses (por Dioniso según Pausanias) para aterrorizar a los tebanos de la época del primer reinado de Creonte (el motivo de esta venganza no está claro). Su papel parece pues muy similar al de la Esfinge. Más aún, en un fragmento de Corinna, Edipo libra a Tebas de dos monstruos. Sin embargo, según la versión más popular, Creonte exigió a Anfitrión que se encargase. Éste recurrió entonces a Laelaps, el perro divino destinado a cazar siempre a su presa.

Laelaps (en griego antiguo Lailaps, "viento de tormenta") era un legendario perro que siempre atrapaba a su presa cuando cazaba. Fue un regalo que Zeus hizo a Europa y que posteriormente pasó a poder de su hijo Minos; éste lo regaló a Procris y más tarde el perro pasó a ser propiedad de Céfalo. En otra versíon, el perro fue regalado a Procris por Diana.

Céfalo decidió usar al perro para cazar a zorra teumesia, que nunca podía ser atrapada. Esto provocó una paradoja: un perro que siempre atrapaba a su presa y una zorra que no podía ser atrapada. La persecución prosiguió durante un tiempo hasta que Zeus, perplejo por sus destinos contradictorios, transformó a ambos animales en piedra.

León de Citerón

León de Citerón: El león de Citerón era una fiera que azotaba los rebaños de Beocia y fue matado y desollado por Heracles.

Ésta es una de las primeras hazañas de Heracles. Del león no está escrito que tuviera alguna capacidad especial, a diferencia del terrible León de Nemea, y por ende Heracles le dio fin por medios convencionales, pero sólo después de cincuenta días intentando darle caza.

Tespio, rey de Tespias (Beocia), hospedó a Heracles durante ese tiempo y, teniendo él cincuenta hijas, fraguó el plan de concebir en todas ellas a un vástago del poderoso héroe (que por aquel entonces ostentaba solo dieciocho años de edad).1 Existen varias versiones acerca de la forma en que Tespio logró tal plan, siendo la más aceptada que Heracles yació con una doncella diferente cada noche pensando que se trataba siempre de la misma. Otra supone que yació con todas en una sola noche o, según otra versión, con sólo 49, puesto que una se le opone siendo condenada por ello a virginidad vitalicia. El número de hijos también varia siendo de cincuenta a cincuenta y dos teniendo la hija mayor y la menor hijos gemelos; lo único que no cambia en los relatos es el hecho de que toda su descendencia fue masculina.

Tras derrotar al león de Citerón, Heracles lo desolló y vistió su piel, atuendo por el que se le conocería de ahí en adelante; después, cambiaría la piel del león de Citerón por la del León de Nemea.

León de Nemea

León de Nemea: En la mitología griega, el león de Nemea (léon tes Neméas; en latín Leonem Nemeum) era un despiadado monstruo que vivía en Nemea. Finalmente fue vencido por Heracles. Se le suele considerar hijo de Tifón y Equidna o de Ortos y Quimera, aunque también se ha dicho que habría caído desde la luna, como hijo de Zeus y Selene.

El primero de los doce trabajos de Heracles fue matar al león de Nemea y despojarlo de su piel.

El león había estado aterrorizando los alrededores de Nemea, y tenía una piel tan gruesa que resultaba impenetrable a las armas. Cuando Heracles se dirigía a cazar al león se hospedó en casa de Molorco, partiendo después hacia la guarida de la fiera.

Cuando Heracles se enfrentó a él por primera vez, usando su arco y sus flechas, un garrote hecho de un olivo (que él mismo había arrancado de la tierra) y una espada de bronce, todas las armas resultaron inútiles. La morada del animal tenía dos entradas: Heracles lo azuzó hasta que el animal penetró en ella, taponó una de las entradas y acorralándolo por la otra lo atrapó y lo estranguló.

Mantícora

Mantícora: La mantícora es una criatura mitológica, un tipo de quimera con cabeza humana (frecuentemente con cuernos), el cuerpo rojo (en ocasiones de un león), y la cola de un dragón o escorpión, capaz de disparar espinas venenosas para incapacitar o matar a sus presas. Dependiendo del relato mitológico, su tamaño varía desde el de un león hasta el de un caballo, y su descripción puede incluir o no la presencia de alas y coraza.

La mantícora tienen su origen en la mitología smaiteana, y su nombre significa 'devoradora de personas'. Aparentemente, la mantícora entró a la mitología griega a través de Ctesias, un médico griego en la corte del rey Artajerjes II en el siglo IV a.e.c., en su obra Indika ('Historia de la India'), desaparecida en la antigüedad. Aunque algunos estudiosos como Pausanias dudaban de la descripción original de Ctesias y atribuían el origen de la mantícora a una descripción exagerada de tigres indios, Plinio el Viejo consideró esta criatura auténtica y la incluyó en su influyente Naturalis Historia (c. 77). Posteriormente, Claudio Eliano también introdujo a la mantícora en su obra De Natura Animalium (IV; 21), obra utilizada como base para la mayoría de bestiarios europeos durante la Edad Media.

Medusa

Medusa: En la mitología griega, Medusa (Médousa, ‘guardiana’, ‘protectora’) era un monstruo ctónico femenino, que convertía en piedra a aquellos que la miraban fijamente a los ojos. Fue decapitada por Perseo, quien después usó su cabeza como arma hasta que se la dio a la diosa Atenea para que la pusiera en su escudo, la égida. Desde la antigüedad clásica, la imagen de la cabeza de Medusa aparece representada en el artilugio que aleja el mal conocido como Gorgoneion.

Las tres hermanas gorgonas —Medusa, Esteno y Euríale— eran hijas de Forcis y Ceto, o a veces de Tifón y Equidna, en ambos casos monstruos ctónicos del mundo arcaico. Esta genealogía la comparten sus otras hermanas, las Greas, como en el Prometeo liberado de Esquilo, quien ubica ambas trinidades muy lejos, en la «espantosa llanura de Cistene».

 

Minotauro

Minotauro: El Minotauro ([Minótauros]) era un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro. Su nombre significa "Toro de Minos", y era hijo de Pasífae y el Toro de Creta. Fue encerrado en un laberinto diseñado por el artesano Dédalo, hecho expresamente para retenerlo,1 ubicado en la ciudad de Cnosos en la isla de Creta. Por muchos años, siete hombres y otras siete mujeres eran llevados al laberinto como sacrificio para ser el alimento de la bestia hasta que la vida de ésta terminó a manos del héroe Teseo (aunque existen dos versiones conocidas acerca de la frecuencia de este tributo). Según una historia, las catorce vírgenes eran enviadas anualmente; en cambio, otra versión dice que los siete muchachos y siete doncellas eran llevados cada nueve años Los catorce jóvenes eran internados en el laberinto, donde vagaban perdidos durante días hasta encontrarse con la bestia, sirviéndole de alimento. El mito tiene su versión más completa en la Biblioteca mitológica de Apolodoro.

Nacimiento del Minotauro

Existían varias versiones acerca de la afrenta que ocasionó que la esposa de Minos, Pasífae, tuviese la necesidad de unirse al Toro de Creta sintiendo por él una pasión insensata. La versión más extendida dice que Minos, hijo de Zeus y de Europa, pidió apoyo al dios Poseidón para que su gente lo aclamara como un temprano rey, ya que su padre Asterión (hijo de Téctamo) era el antiguo rey ya difunto de Creta. Poseidón lo escuchó e hizo salir de los mares un hermoso toro blanco, al cual Minos prometió sacrificar en su nombre. Sin embargo, al quedar Minos maravillado por las cualidades del hermoso toro blanco, lo ocultó entre su rebaño y sacrificó a otro toro en su lugar esperando que el dios del océano no se diera cuenta del cambio. Al saber esto Poseidón, se llenó de ira, y para vengarse, inspiró en Pasífae un deseo tan insólito como incontenible por el hermoso toro blanco que Minos guardó para sí.

Para consumar su unión con el toro, Pasífae requirió la ayuda de Dédalo, que construyó una vaca de madera recubierta con piel de vaca auténtica para que ella se metiera. El toro yació con ella, creyendo que era una vaca de verdad. De esta unión nació el Minotauro, llamado Asterión.

Mochuelo de Atenea

Mochuelo de Atenea: En la mitología griega, el mochuelo de Atenea es el ave que acompaña a Atenea, diosa de la sabiduría, las artes, las técnicas de la guerra, además de la protectora de la ciudad de Atenas y la patrona de los artesanos; la diosa romana correspondiente es Minerva. El mochuelo de Atenea ha sido utilizado en la cultura occidental como símbolo de la Filosofía.

Se le ha atribuido erróneamente1 y durante siglos los nombres de «lechuza de Atenea» y «búho de Atenea», cuando se trata en realidad del mochuelo común europeo, especie cuyo nombre científico es precisamente Athene noctua.

Ofiotauro

Ofiotauro: El Ofiotauro ( de ophis, serpiente y tauros, "toro"), en la mitología griega, era un ser monstruoso con cuerpo de toro negro y cola de serpiente.

El Ofiotauro emergió del Caos nacido de la Madre Tierra, Gea con Urano. Su única referencia (hápax) se encuentra en los Fastos de Ovidio (3.793 y ss.), donde se dice que quien quemara las entrañas de esta criatura tendría el poder para derrotar a los dioses eternos. La Estigia, advertida por las Parcas, encarceló al Ofiotauro (para evitar que muriera) en un bosque rodeado de una triple muralla. El híbrido monstruoso fue asesinado con un hacha por el gigante Briareo (Aigaion-Egeón), aliado de los titanes durante la Titanomaquia, en su lucha contra los dioses olímpicos, pero las entrañas fueron recuperadas por un águila enviada por Zeus antes de que pudieran ser quemadas y pudiera llegar a cumplirse la profecía.1

Para recompensarla del servicio, Zeus la elevó hacia el cielo para convertirla en la constelación del Águila. El Ofiotauro probablemente fue colocado en el cielo como las constelaciones combinadas de Tauro y Cetus (toro por encima de la cintura con la cola de un monstruo marino), además de Lyra y la constelación Ara.

Ortro

Ortro: En la mitología griega, Ortro u Ortos (‘matinal’, u ‘recto’) era un perro de dos cabezas, hijo de Equidna y Tifón, y hermano de Cerbero. Su primer dueño fue el titán Atlas, quien posteriormente lo entregó al gigante Gerión. Éste lo destinó a guardar, junto con el pastor Euritión, su cabaña de bueyes rojos en la isla Eritia.

Euristeo encargó a Heracles como décimo trabajo el que le llevase el ganado de Gerión sin pedirlo ni comprarlo. Cuando llegó a la isla Eritia, Heracles acampó en un monte. Ortro le olió y fue a perseguirlo, pero Heracles lo mató con su clava. Cuando Euritión acudió a ayudar al perro, Heracles lo mató también.

Fue padre con la Quimera o quizás con Equidna de la Esfinge y del León de Nemea.

Según Quinto de Esmirna, Ortro aparecía representado junto con Euritión y Gerión en el escudo de Eurípilo, hijo de Heracles.

Pájaros de Estínfalo

Pájaros de Estínfalo: En la mitología griega, los pájaros del Estinfalo eran unas aves que tenían picos, alas y garras de bronce y cuyos excrementos venenosos arruinaban los cultivos y también eran carnívoras. Poblaban la región y el bosque alrededor del lago Estinfalo. Euristeo comandó entonces a Heracles que acabase con la amenaza de dichas aves, como parte de los doce trabajos de Heracles, ya que en ocasiones atacaban al ganado o a la población. Heracles se dirigió al Estínfalo, y ahí se encontró desolado pues la misión era especialmente difícil de completar: las aves eran demasiadas para sus flechas y su legendaria fuerza no le servía de nada.

Entonces apareció Atenea y le socorrió dándole un cascabel (o una campana) de bronce y le mandó a que lo tocara desde una colina elevada, al hacerlo las aves asustadas emprendieron vuelo y nunca más se las volvió a ver en el bosque y el lago. Muchas de ellas fueron derribadas por las flechas de Heracles y las que consiguieron escapar huyeron hacia la isla de Ares, en el Mar Negro, donde fueron encontradas años después por los Argonautas.

Cuando Heracles volvió con Euristeo, éste se hallaba en su refugio debido a que varios de los pájaros de bronce volaban alrededor de su palacio. Al ver esto, Heracles sonó su cascabel y los pájaros se alejaron de ahí.

Pan

Pájaros de Estínfalo: En la mitología griega, los pájaros del Estinfalo eran unas aves que tenían picos, alas y garras de bronce y cuyos excrementos venenosos arruinaban los cultivos y también eran carnívoras. Poblaban la región y el bosque alrededor del lago Estinfalo. Euristeo comandó entonces a Heracles que acabase con la amenaza de dichas aves, como parte de los doce trabajos de Heracles, ya que en ocasiones atacaban al ganado o a la población. Heracles se dirigió al Estínfalo, y ahí se encontró desolado pues la misión era especialmente difícil de completar: las aves eran demasiadas para sus flechas y su legendaria fuerza no le servía de nada.

Entonces apareció Atenea y le socorrió dándole un cascabel (o una campana) de bronce y le mandó a que lo tocara desde una colina elevada, al hacerlo las aves asustadas emprendieron vuelo y nunca más se las volvió a ver en el bosque y el lago. Muchas de ellas fueron derribadas por las flechas de Heracles y las que consiguieron escapar huyeron hacia la isla de Ares, en el Mar Negro, donde fueron encontradas años después por los Argonautas.

Cuando Heracles volvió con Euristeo, éste se hallaba en su refugio debido a que varios de los pájaros de bronce volaban alrededor de su palacio. Al ver esto, Heracles sonó su cascabel y los pájaros se alejaron de ahí.

Pegaso

Pegaso: En la mitología griega, Pegaso era un caballo alado. Pegaso fue el primer caballo que llegó a estar entre los dioses. Pegaso era el caballo de Zeus, dios del Cielo y de la Tierra. Pegaso nació de la sangre derramada por Medusa cuando Perseo le cortó la cabeza. Esta era una de las tres hermanas Gorgonas: las otras eran Esteno y Euríale. Suele representarse en blanco o negro y tiene dos alas que le permiten volar. Una característica de su vuelo es que cuando lo realiza, mueve las patas como si en realidad estuviera corriendo por el aire.

Según las fuentes clásicas, Perseo no llegó a volar montado en Pegaso, puesto que lo hacía gracias a unas sandalias aladas; sin embargo, muchos artistas renacentistas lo representaron volando en este caballo.

Pegaso aparece relacionado fundamentalmente con el héroe Belerofonte, quien a lomos del equino alado logró dar muerte a la Quimera, bestia de múltiples cabezas (entre ellas una de león y otra de cabra) que asolaba los territorios de Licia. Gracias a este corcel Belerofonte pudo obtener igualmente una victoria sobre las amazonas. Belerofonte encarna el "defecto" de la "excesiva" ambición. Cuando por fin consigue montar a Pegaso, no contento con esto le obliga a llevarlo al Olimpo para convertirse en un dios, pero Zeus, molesto por su osadía, envía a un insignificante mosquito que pica el lomo de Pegaso y precipita al vacío a Belerofonte sin matarlo, quedando lisiado y condenado a vagar apartado del resto del mundo toda su vida recordando su gloria pasada.

Pitón

Pitón: En la mitología griega, Pitón era una gran serpiente, hija de Gea, la madre Tierra, nacida del barro que quedó en la tierra después del gran diluvio. El monstruo vivía en una gruta cerca de Delfos, en el Monte Parnaso, y allí custodiaba el oráculo. El dios Apolo mató a Pitón, exigió el oráculo para sí y desde entonces fue conocido como Apolo Pitio. Se dice que el dios había fundado los Juegos Píticos para celebrar su victoria.

Quimera

Quimera: En la mitología griega, Quimera (Khimaira que significa animal fabuloso; latín Chimæra) era un monstruo híbrido, hija de Tifón y de Equidna, que vagaba por las regiones de Asia Menor aterrorizando a las poblaciones y engullendo animales, y hasta rebaños enteros. De su unión con Ortro nacieron la Esfinge y el León de Nemea.

Las descripciones varían desde las que decían que tenía el cuerpo de una cabra, la cola de una serpiente o un dragón y la cabeza de un león, hasta las que afirmaban que tenía tres cabezas: una de león, otra de macho cabrío, que le salía del lomo, y la última de dragón o serpiente, que nacía en la cola1 . Todas las descripciones coinciden sin embargo en que vomitaba fuego por una o más de sus cabezas y por su trasero. Era sumamente rápida.

Quimera fue derrotada finalmente por Belerofonte con la ayuda de Pegaso, el caballo alado, a las órdenes del rey Iobates de Licia. Hay varias descripciones de su muerte: algunas dicen simplemente que Belerofonte la atravesó con su lanza, mientras que otras sostienen que la mató cubriendo la punta de la lanza con plomo que se fundió al ser expuesto a la ardiente respiración de Quimera.

Sátiro

Sátiro: Los sátiros (Satyroi) son criaturas masculinas —las sátiras son una invención posterior de los poetas— que en la mitología griega acompañaban a Pan y Dioniso, vagando por bosques y montañas. En la mitología están a menudo relacionados con el apetito sexual.

Los sátiros, relacionados con las Ménades, forman el «cortejo dionisíaco» que acompaña al dios Dioniso. Pueden estar también asociados con el dios Pan. Algunas tradiciones consideran a Sileno padre de la tribu de los sátiros. Los tres mayores de éstos, llamados Marón, Leneo y Astreo, eran iguales a su padre, y por ellos fueron también conocidos como silenos. Según algunas versiones del mito, habrían sido ellos los padres de los sátiros (de los que entonces sería Sileno su abuelo). Los tres estuvieron en el séquito de Dioniso cuando éste viajó a la India, y de hecho Astreo era el conductor de su carro.

Se les representa de varias formas; la más común (y básicamente romana) es la de una criatura mitad hombre mitad carnero, con orejas puntiagudas y cuernos en la cabeza, abundante cabellera, una nariz chata, cola de cabra y un priapismo permanente. A menudo llevan pieles de animales, de pantera (atributo de, por ejemplo, Dioniso). Las representaciones romanas confundían a los sátiros con los faunos, quienes solían tener piernas de chivo. La confusión ha perdurado incluso en obras de arte contemporáneas, como el «fauno danzante» de Lequesne, que es más bien un sátiro.

Sirena

Sirena: Las sirenas (‘encadenado’, relacionado quizá con el sánscrito Kimera, ‘quimera’) son criaturas legendarias pertenecientes al folclore y las leyendas.

Aunque en un principio se mostró como híbridos de mujer y ave con que los egipcios simbolizaban a Ba, posteriormente la Iglesia las convirtió en representantes de la voluptuosidad y asimiló sus cantos con el atractivo de las falsas doctrinas. En Occidente, se metamorfosearon en seres pisciformes a partir del siglo IX, cuando empezó a difundirse el Liber Monstrorum.

Las sirenas son doncellas marinas que engañan a los navegantes con su gran belleza y la dulzura de su canto; de la cabeza al ombligo tienen cuerpo de virgen y forma semejante al género humano, pero poseen una escamosa cola de pez, que siempre ocultan en el mar.1

Es por ello que muchas lenguas no latinas distinguen la sirena original clásica (inglés siren, alemán Sirene) de la sirena con cola de pez (inglés mermaid, alemán Meerjungfrau).

Su tipología es variada, por regla general son sirenas de tratamiento naturalista, hermoso rostro y largos cabellos, que en muchas ocasiones sostienen instrumentos musicales o se dedican a acariciar sus cabellos en actitud coqueta. En el siglo XVI, la actitud más generalizada de las sirenas fue sostener con las manos un espejo y un peine. La cola era un emblema de la prostitución y el espejo, considerado como objeto mágico, era atributo de la mujer impura, y servía para contemplar el rostro de la muerte o el culto al diablo (similitud a la actitud de Afrodita en el mundo clásico). La sirena también implica un símbolo de los tiempos de transición de Carnestolendas (carne) a la cuaresma (pez). Más adelante las sirenas aparecen amamantando a sus crías. La leche de las sirenas era conocida por los alquimistas como una proteína que permitía el crecimiento rápido de los héroes abandonados en el agua. Por otra parte, la tipología que gozó de mayor predicamento en las representaciones góticas, fue la sirena de cola pisciforme única.

Telquines

Telquines: En la mitología griega, los telquines (‘difamador’) eran nueve hermanos, mitad marinos, mitad terrestres, con cabeza de perro, la parte inferior del cuerpo en forma de cola de pez o de serpiente y los dedos de las manos palmeados. Eran conocidos como niños-peces hijos de Ponto y de Talasa, y fueron, junto con sus hermanos, los primeros habitantes de la isla de Rodas, que entonces se llamaba Telquinis en su honor. Los relatos sobre los telquines son muy pocos y escasos, y en ellos aparecen en tres papeles diferentes:

Como hechiceros y envidiosos daimones, se decía que tenían el poder de destruir con sus mismos ojos y aspecto. Tenían el poder de provocar el granizo, la lluvia y la nieve, y de adoptar cualquier forma que quisieran; incluso mezclaban agua estigia con azufre para poder así destruir animales y plantas.

Como artistas, pues se decía que había inventado artes y tradiciones útiles y que habían sido los primeros en fabricar imágenes de los dioses. Trabajaban el latón y el hierro, y fabricaron la hoz con la que Crono castró a Urano y el tridente de Poseidón, ambas armas ceremoniales. En este sentido se les identificaría con los cíclopes, representantes posteriores de la metalurgia.

Este último rasgo en la personalidad de los telquines parece haber sido la razón de que se les haya identificado con los dáctilos ideos o con los daimones proseoous, y Estrabón afirma incluso que aquellos de los nueve telquines rodios que acompañaron a Rea a Creta, donde criaron al infante Zeus, fueron llamados Curetes.

Definición: Los Telequines tienen caras de perro, con hocicos negros, ojos marrones, y orejas puntiagudas. Sus cuerpos son elegantes y negros como las focas. Tienen patas cortas que son mitad aleta y mitad pie, y manos como humanas con garras afiladas. Percy describe que si mezclas un Doberman, un niño humano, y un león marino, lucirán un poco como un Telequin. Totalmente crecido, un Telequine adulto puede llegar a los dos metros. Los Telequines ladran y gruñen, y caminan como patos en lugar de caminar.

Toro de Creta

Toro de Creta: Euristeo envió después a Heracles a Creta, donde un toro estaba devastando la isla. Este animal debía ser sacrificado en honor de Poseidón bajo el auspicio del rey Minos, que no tenía valor para hacerlo. Su esposa, Pasifae, se había enamorado del toro y había hecho el amor con él, tras lo cual quedó embarazada del Minotauro. Heracles atrapó al toro y lo llevó vivo a Micenas y Tiryns para liberarlo posteriormente. El toro entonces sembró el terror cerca de Maratón, en las afueras de Atenas, donde finalmente lo mató Teseo.