Tritón

Tritón: En la mitología griega, Tritón (Tritôn) es un dios, mensajero de las profundidades marinas. Es el hijo de los dioses marinos Poseidón y Anfítrite. Suele ser representado con el torso de un humano y la cola de un pez.

Como su padre, llevaba un tridente. Sin embargo, el atributo especial de Tritón era una caracola que tocaba como una trompeta para calmar o elevar las olas del mar. Su sonido era tan terrible que, cuando la tocaba fuerte, hacía que los gigantes echaran a volar, al imaginar que era el rugir de una poderosa bestia salvaje.

Según la Teogonía de Hesíodo, Tritón moraba con sus padres en un palacio dorado en las profundidades del mar. La historia de los argonautas sitúa su hogar en la costa de Libia. Cuando el Argo desembarcó en la Pequeña Sirte, la tripulación llevó el velero al lago Tritonis, desde donde Tritón, la deidad local, los guio por el Mediterráneo.

Tritón fue padre de Palas y padrastro de la diosa Atenea. En una pelea entre ambas, Atenea mató a Palas. También se le cita a veces como padre de Escila con Lamia.

Tritón también apareció en los mitos y épicas romanas. En la Eneida, Miseno, el trompetero de Eneas, desafió a Tritón en un concurso de trompeta. El dios lo arrojó al mar por su arrogancia, donde se ahogó.

Con el tiempo, el nombre y la imagen de Tritón llegó a estar asociado con una clase de criaturas parecidas a sirenos, los Tritones, que pueden ser masculinos o femeninos, y que suelen formar el cortejo de divinidades marinas. Los Tritones ordinarios fueron descritos en detalle por el geógrafo Pausanias. Una variedad de Tritón, el centauro-tritón o Ictiocentauros (‘pez-centauro’), se describía con las patas delanteras de un caballo además del torso humano y la cola de pez. Es probable que la idea de los Tritones deba su origen a los dioses-peces fenicios.

Entre los objetos bautizados en honor de Tritón se incluye Tritón, la mayor luna del planeta Neptuno. Este nombre es simbólico, pues Neptuno es el nombre latino del padre de Tritón: Poseidón.

Yeguas de Diomedes

Yeguas de Diomedes: El octavo de los doce trabajos de Heracles consistía en capturar a las cuatro yeguas de Diomedes, que comían carne humana, su dueño las tenía atadas con cadenas y las alimentaba con la carne de sus inocentes huéspedes.

Heracles fue con un grupo de voluntarios y consiguió arrebatárselas a Diomedes, quien fue con su ejército a atacar a Heracles, pero éste lo venció y arrojó el cuerpo aún con vida a las yeguas, y el ejército huyó. Tras devorar el cadáver, las yeguas se volvieron tan mansas que Heracles las pudo atar al carro de Diomedes y se las llevó a Micenas, donde fueron regaladas a Hera.

Durante la batalla, las yeguas habían devorado a Abdero, amigo de Heracles que había quedado encargado de custodiarlas. Entonces Heracles fundó en su honor la ciudad de Abdera.

Se dice que las yeguas murieron en el monte Olimpo devoradas por las fieras y las alimañas. Según la tradición, Bucéfalo, caballo de Alejandro Magno, descendía de una de estas yeguas.